
En ese momento yo iba bajando la Gran Vía de Madrid sobre mi patín nuevo con esa chulería innata que me calzo, descendía por allí esquivando, incluso despreciando, a los demás transeúntes que, a mi lado, parecían insignificantes. Llevaba mi camiseta sudada de dos días, mis pantalones descoloridos y mis naikis extremadamente rotas, yo, el más sucio pero formal de toda la avenida. Pero claro, no todo podía salir tan bien, sumido en esa atmósfera de superioridad una piedrecilla obstaculizó el movimiento de rotación de una de mis ruedas, así que caí desplomado sobre la perfectamente pulida superficie de aquel suelo. Me levanté colérico y, dirigiéndome a la piedrecilla, pronuncié, como accediendo a niveles lingüísticos angelicales y que sobrepasan los límites del raciocinio y la realidad: “ Ohh, fuck yo madafaka in my ass, bitch!”. En fin, auténtico, todavía sufro de hipertensión sicótica por inefabilidad.
Romántico.
*Gracias a Pinto por trasmitirme la idea de esa superioridad estilística que tenemos los que sentimos el skate de verdad.
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