martes, 24 de febrero de 2009

Amor propio

Nos impedimos el paso mutuamente, nos miramos a los ojos, su rostro estaba húmedo debido a las lágrimas. Se arrodilló ante mí y me pidió ayuda. Cuando le pregunté por su nombre me respondió que era Dios. Entonces, sonreí y le contesté que yo no iba diciendo por ahí que había creado el mundo ni que podía controlar el destino de todos los seres humanos como hacía él. Le di la espalda, me fui y dije para mis adentros:
-Romántico, tú eres tu propio premio.

Romántico.

Intro

Llamé al timbre, abrió la puerta, me recibía con un vestido negro escotado. Ella me pidió que la besase y, de repente, desaparecí. Sin darme cuenta estaba en el noreste de su cuerpo.

Romántico.

domingo, 15 de febrero de 2009

Nuestra mutua estupidez


Yo permanecía frío al otro lado de aquel sofá grisaceo. Tenía los pies congelados pero no pensaba moverme de mi sitio. La quería pero nuestra mutua y puta estupidez nos había distanciado físicamente y destrozado psíquicamente. Quería acercarme y ella deseaba que me acercara a ella, pero ni yo iba a hacerlo, ni ella iba a pedírmelo.
Y así fue como acabó todo, con hondas y mudas lágrimas recorriendo nuestras mejillas. Un leve movimiento hubiera curado la situación, pero yo no escribo en pretérito perfecto simple.

Crema: "Que el cuerpo no sabe llorar, lo que llora es el alma"

Un error

miércoles, 11 de febrero de 2009

Y volví a ser real...


Medía cada paso que me llevaba a su puerta. Observé su puerta, el olor a barniz palpable en el ambiente me hizo recordar aquella facilidad con la que me manipulaba. Odiaba aquello, pero tenía algo que me atraía con una fuerza feroz. Acaricié el timbre dubitativo. De nuevo aquel dulce aroma llegó a mis entrañas. No sería yo quien le ayudara con el barniz, quien la ayudara. Si quería solo sexo, sexo solo tendría. 180 grados de giro, hasta nunca.

Un error