martes, 24 de febrero de 2009

Amor propio

Nos impedimos el paso mutuamente, nos miramos a los ojos, su rostro estaba húmedo debido a las lágrimas. Se arrodilló ante mí y me pidió ayuda. Cuando le pregunté por su nombre me respondió que era Dios. Entonces, sonreí y le contesté que yo no iba diciendo por ahí que había creado el mundo ni que podía controlar el destino de todos los seres humanos como hacía él. Le di la espalda, me fui y dije para mis adentros:
-Romántico, tú eres tu propio premio.

Romántico.

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