
Su cuerpo describía unas perfectas curvas, como el oleaje tranquilo de un día silencioso. Yo descendí por el valle que formaban sus caderas hasta su laguna. Conseguir oxígeno entre sus piernas era como estar en la arena de la playa esperando el límite de la ola. Sus muslos eran las palmeras que me daban sombra, su vagina, cálida y ella, una mujer preciosa.
Romántico.
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