martes, 17 de noviembre de 2009

Al infierno

Esta vez llegué a casa mucho más colérico y decepcionado de lo habitual, los de la editorial intentaron “sugerirme” sutil y despiadadamente que debía redactar más artículos. Hipócritas, no les importaba la calidad, sólo querían leer párrafos banales, como el resto de la sociedad. Habían forzado mi inspiración, pero lo peor de todo era que el entendimiento humano no es compatible con la buena literatura, muestra de ello es que yo sólo escribo en tres circunstancias en las que siento que no pertenezco a mi raza: cuando una musa me acaricia la espalda o deja de hacerlo, cuando siento que soy el único poeta con vida incapaz de apreciar la decadencia de este mundo tan cruel y, la principal de todas ellas, cuando siento que soy el hijo bastardo de Dios. En fin, que les jodan, a ellos y al mundo.

Romántico.

Distancia

Peor que la cleptomanía del ladrón, peor que la drogodependencia del toxicómano, incluso peor que la ninfomanía de la promiscua, peor que todo ello es la pasión del enamorado. Es difícil evitar la tentación de romper la distancia con tu amada cuando conoces de memoria las coordenadas exactas de su tesoro.

Romántico.

Mente calenturienta

Me imagino cómo sería recorrer airoso un pequeño bosque de 6 mm de altura. Aquella fría aurora que rebordeaba mi mente no era más que la fuerza del invierno, incapaz de penetrar en mi espacio vital, chocaba fuerte contra el microclima que había creado por encima del cuello, ligeramente más caliente que el resto del mundo. Él me quitó el escudo, pero yo mismo, como sistema de supervivencia, creé algo mucho mejor, algo extraño, caliente.

Un error.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Opio

Llegué a casa, me quité la americana y encendí un cigarrillo, pero esta vez la nicotina no podía hacer frente a mi batallón de nervios, así que me lavé las manos en un vago intento de purificarme. Nada, no podía olvidar el olor de esa bala que ahora estaba incrustada en el pulmón de esa pobre niña, fui hábil esquivando la mirilla de Gordon, también fui estúpido. Estaba padeciendo una mezcla de seísmo muscular y apocalipsis neurótica, así que me dirigí a la cocina e ingerí una pastilla de opio, de esas que mi padre solía tomar cuando el cáncer le asfixiaba. Suspiré. Ahora sólo quedaba esperar a la putrefacción emocional, una muerte lenta, un paradisíaco estado donde no tienen cabida el dolor, la conciencia, el recuerdo, ni siquiera la soledad. Por fin, ya llega…



Romántico.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Aire











Pensativo observaba aquellos metros que le separaban de un colérico éxito, algo puramente intrínseco por lo que llevaba días sin dormir. Cogió carrerilla, dio dos zancadas y se detuvo, volvió a dudar. No, esta vez no. En la tercera zancada del segundo intento se hizo el silencio en el aire, apenas media vida en medio segundo. Y encontró el éxito, junto a un esguince de grado 3.

Un error.


miércoles, 11 de noviembre de 2009

Se apagó su sonrisa














En ocasiones envidio a la religión por esa forma suya de apaciguar los llantos haciéndonos creer que tenemos una segunda oportunidad, un sitio mejor; que esta miserable vida sin valor solo es un trámite, que lo importante viene después. Solo un insensible sería capaz de no alegrarse por ese tránsito a la felicidad.

Tan solo fue un error.