Pensativo observaba aquellos metros que le separaban de un colérico éxito, algo puramente intrínseco por lo que llevaba días sin dormir. Cogió carrerilla, dio dos zancadas y se detuvo, volvió a dudar. No, esta vez no. En la tercera zancada del segundo intento se hizo el silencio en el aire, apenas media vida en medio segundo. Y encontró el éxito, junto a un esguince de grado 3.
Un error.
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