
En ocasiones envidio a la religión por esa forma suya de apaciguar los llantos haciéndonos creer que tenemos una segunda oportunidad, un sitio mejor; que esta miserable vida sin valor solo es un trámite, que lo importante viene después. Solo un insensible sería capaz de no alegrarse por ese tránsito a la felicidad.
Tan solo fue un error.
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