miércoles, 11 de febrero de 2009

Y volví a ser real...


Medía cada paso que me llevaba a su puerta. Observé su puerta, el olor a barniz palpable en el ambiente me hizo recordar aquella facilidad con la que me manipulaba. Odiaba aquello, pero tenía algo que me atraía con una fuerza feroz. Acaricié el timbre dubitativo. De nuevo aquel dulce aroma llegó a mis entrañas. No sería yo quien le ayudara con el barniz, quien la ayudara. Si quería solo sexo, sexo solo tendría. 180 grados de giro, hasta nunca.

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