La luz tenue, el vinilo sonaba a silencio, los dos sobre el sofá de modo que ella representaba la cima de mi cuerpo, entonces empezó a mover las caderas cual diosa Venus. Sus pendientes rojos bailaban al son de nuestra respiración unísona, hasta que diez minutos más tarde y, tras una sinceridad corporal extrema, pude ver la Luna reflejada en sus ojos. Sus flujos en mi sangre, mi saliva en sus labios, su corazón en mi mano y mi soledad en su bolsillo.
Romántico.
No hay comentarios:
Publicar un comentario