
Jamás había se
ntido tanto miedo, esa sensación pasó a convertirse en terror y, posteriormente, alcanzó el grado de pánico. Extremadamente angustiado y, jadeando, no podía dejar de palpar mi propio cuerpo, así que, con los ojos medio desorbitados y saboreando mi última bocanada de aire, pronuncié:
-Joder, tengo el alma en los huesos.
Romántico.
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