jueves, 4 de febrero de 2010

Cocktail mental

Dicen que reunirse cada noche con el papel y desafiar a la escritura es una virtud, y yo sólo escribo por soledad, entonces sí, debo de ser muy virtuoso, y eso que camino sin coraza. ¿Para qué? Las puñaladas atinan igual aunque sea de noche. Es importante la poesía, sí, se trata de engañarme a mí mismo convenciendo al lector. También es fundamental la amistad. ¿Verdad amigos? Ehh, ¿amigos? Me pongo a contarlos y me sobran dieciséis dedos. Dedos con los que una vez acaricié el alma de una musa y todavía mi almohada huele a ella. Además, es trivial que Dios es más poderoso que el hombre, sin embargo, el hombre es capaz de amar, y amar es el poder supremo. ¿Entonces? ¿Quién es más poderoso? No sé, pero esto me convierte en el único gobernador de mí mismo, la contrariedad es que si yo me gobernase no habría alcanzado el nirvana, entendiendo subjetivamente por nirvana lo único que actualmente me llena: el skate. Sin embargo, si escribo esto es porque el patín puede estar todo el día junto a mí pero es incapaz de entrar en mi cama, al igual que la noche, mis amigos, mi lejana musa y Dios. Sólo la poesía tiene el privilegio de acostarse conmigo, por lo que es verdad que la escritura es una virtud. En fin, sé que estoy loco…


Romántico.

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