
Maldito fregadero por el que se expiran mis sueños, maldito fregadero con el que me reúno media hora al día para limpiar una vajilla mientras ensucio mis manos, limpio mis pecados mientras ensucio mi inocencia, maldito fregadero por el que vierto toda mi rabia para seguir manteniéndome estable, insisto, maldito fregadero que me hace reflexionar. Quiero cambiar, conocer otros paisajes, viajar a otros cielos pero él me lo impide, mentira, maldito fregadero que me hace darme cuenta de que soy el único ancla que me retiene en esta ciudad, en esta personalidad, de que gozo de mi día a día por mucho que me queje, de que prefiero caminar sobre las mismas tierras de siempre y sentir como sus vidas acarician mis tobillos. Maldito fregadero, él es el lago, el río, el mar, el océano, yo sólo otro anfibio más encandilado con su plancton.
Romántico.
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