Reclamé aquel prestigio de libertad que me quedaba. No quisieron dármelo pero alargué la mano con la esperanza de tocar su frágil corazón, relajar músculos y reblandecer su alma ante mi perseverancia. No dio resultado, sus menos de dos de frente estallaron contra mis mejillas dejándome aturdido. Entonces tuve clara la idea, el poder corrompe al débil y al fuerte.
Un error.
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