
Te comercializan en pequeñas dosis porque saben que eres demasiado valiosa, y tú sabes que yo te necesito, para afrontar el invierno, para que prepares a mis defensas para la batalla, para que mis legañas no se conviertan en lágrimas en cada desayuno. Sólo tú produces un sabor metafórico en mis papilas gustativas como restos de mis huellas dactilares en peligrosas curvas de mujer y recorres mi organismo en busca de heridas de bala. Jalea real, eres mi segunda dama.
Romántico.
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